Cuando maduras te haces de derechas

«Mi autobiografía es polémica, no justificativa y parece una novela, pero certifico que lo que relato es cierto», asegura Amando de Miguel. El sociólogo y habitual tertuliano en numerosos medios de comunicación acaba de publicar un libro de memorias y protagonizará un nuevo encuentro del Aula de Cultura de EL CORREO que tendrá lugar hoy, a partir de las ocho de la tarde, en el Salón El Carmen de Bilbao. El acto se enmarca en el actual ciclo de encuentros de la Fundación Vocento y cuenta con la colaboración de Infova Ediciones. El conferenciante promete un recorrido por trabajos, amores, costumbres, pasiones e, incluso, desengaños.

– ¿Por qué un título como ‘Memorias y desahogos’? ¿Qué necesita revelar?

– En mi última obra he incluido episodios que no se han contado porque son dramáticos, parecen pura ficción, como mi participación en una comisión para prever un golpe de Estado, la estancia en la cárcel o las censuras que he sufrido.

– Es una historia con luces y numerosas sombras.

– No se trata de una biografía de éxitos. Hay obstáculos, sinsabores y todo tipo de elementos que, vistos con la perspectiva del tiempo, generan pequeños resentimientos.

– Hay quien le ha definido como divertido y brillante, pero otros le señalan como científicamente ingenuo, superficial e impertinente. ¿Con qué adjetivo se identifica?

– Me quedo con independiente. Yo he ido siempre por la vía de la libertad, por eso soy tan crítico con el poder. He tenido problemas con la censura tanto durante el franquismo como en la actualidad. Lo paradójico es que en los años sesenta me encontraba en la oposición intelectual pero podía participar en programas televisivos de opinión, mientras que ahora, en plena democracia, no tengo acceso a la pantalla. Alfredo Urdaci me confesó hace poco que cuando era jefe de informativos, en el período del presidente Aznar, recibió la instrucción de Comisiones Obreras de que no podía ir más a los estudios.

– ¿Tan molesto resulta?

– Lo soy por mi carácter, porque digo lo que ocurre. Cuando se redactó la Ley contra la Violencia Doméstica, yo aseguré que el fenómeno se iba a incrementar y se me echaron encima el Partido Socialista, el Popular y el Comunista porque, según ellos, la norma iba a acabar con el problema. El conflicto no está tanto con mis ideas como por mi profesión, digo lo que pasa y eso, a veces, incomoda al poder, aunque en otras ocasiones concita todo tipo de parabienes.

La anomalía vasca

– Hubo un tiempo en el que usted parecía el sociólogo de guardia.

Siempre se solicitaba su opinión ante cualquier fenómeno colectivo.

– Soy el sociólogo más conocido en España. Ya no hago investigaciones, pero me siguen llamando desde los medios de comunicación. Por fortuna, hay pluralidad y no solo contamos con Televisión Española. Participo en Libertad Digital, Intereconomía, Veo TV y Telemadrid.

– Le reclaman medios muy críticos con el gobierno de Zapatero.

– Son de derechas, porque yo soy de derechas. Voté a los socialistas, pero me desengañé. A medida que maduras, te haces de derechas. Yo no diría que soy liberal o demócrata, son eufemismos, tampoco tiene sentido decir que estás en el centro. En el mundo civilizado el espectro se divide entre izquierda y derecha, de ahí que sea anómala la situación en el País Vasco o Cataluña, donde solo se es más o menos nacionalista.

– Sus declaraciones son contundentes.

– No soy agresivo, simplemente digo lo que pienso, lo que no hacen muchos de mis colegas. Mi naturaleza es crítica, como por ejemplo cuando sostengo que habrá corrupción mientras existan cargos designados a dedo y precios controlados por la Administración, tal y como ocurre con los ayuntamientos en relación al suelo.

– En su autobiografía menciona cómo un trabajo encargado por la Juntas Generales de Álava sobre el conocimiento y uso del euskera en el territorio culminó con la aparición de fotografías con una diana rodeando su rostro.

– La izquierda nacionalista aseguraba que yo no podía hacer encuestas allí porque no era vasco, aunque he vivido diez años en San Sebastián. Es un claro signo de aldeanismo intelectual. Recibí amenazas y tuvo su vertiente curiosa, porque, en aquella época, la Policía de mi pueblo me acompañaba hasta la universidad. Me decían que no tenían medios para ir más allá y que los asesinatos siempre se perpetraban por la mañana, temprano. Pero las estadísticas fallaron cuando mataron a Tomás y Valiente al mediodía en su despacho.

– A su juicio, ¿cuál es el mayor cambio de la sociedad española en las últimas décadas?

– La incorporación de la mujer a la vida activa ha supuesto toda una revolución silenciosa, favoreciendo el aumento de la productividad, por ejemplo. Creo en este sentido que la puesta en funcionamiento del Ministerio de la Igualdad llegó tarde.